¿Cómo entender la sustentabilidad en el turismo?

Aunque pareciera una discusión “pasada de moda”, el tema está más vigente que nunca y requiere retomarse tanto en espacios académicos como empresariales: a pesar del uso discursivo del término, la realidad muestra que no hemos conseguido hacer que la sustentabilidad sea vista como una meta o una tarea. Por el contrario, pareciera que el crecimiento basado en lo económico sigue siendo el eje central de las estrategias de desarrollo, tanto en esquemas locales como supranacionales.  Ante la emergencia climática, y aunque preparamos un documento de mayor formalidad en el sujeto, bien vale la pena retomarlo en este breve texto. 

Sobre el desarrollo sustentable

Más allá de definir si término apropiado es “sustentable” o “sostenible”, vale la pena retomar dos aspectos que son inherentes al mismo: 1) Que implica tres condiciones con el mismo valor: el eje ambiental, el eje social y el eje económico. Si estos tres no están balanceados, no podemos hablar de desarrollo sustentable. Por favor olvidemos la “sostenibilidad ambiental” o la “sostenibilidad económica”. Si no existen las tres, el proyecto simplemente no tiene una mirada de sostenibilidad; 2) Que busca aprovechar los recursos de hoy sin detrimento de su uso para las generaciones futuras. Es decir que si agota un recurso (por ejemplo una montaña, un edificio histórico o una fuente de energía), no puede ser considerado sustentable. En México usamos este término con poca formalidad y frecuentemente se nos olvida que los tres indicadores son igual de valiosos: si está aportando dinero, pero agotando el agua del lugar, no es sustentable; si está conservando un lugar pero no generando un medio de vida para la población local, tampoco es sustentable. 

De ahí que la sustentabilidad sea, para muchos de nosotros, solo un concepto ideal, máxime si reconocemos que no hay actividad desligada de otra en el mundo: la contaminación que producimos puede no “quedarse” en la ciudad e irse al mar, pero eso no es sustentable. Si todos los recursos que genera se van fuera del país y no deja sino migajas, tampoco es sustentable; si no hace un aporte a la economía local, tampoco es sustentable. Para leer más al respecto, te invitamos a leer este artículo que elaboramos hace algún tiempo, o éste.

Sustentabilidad y turismo

Si una ciudad no tiene una mirada hacia la sustentabilidad como política pública, será entonces imposible que el turismo que ahí se genera, lo sea. Como hemos mencionado en otras ocasiones, “no puede haber árbol sano en bosque enfermo” (o será corto el tiempo que dure). El turismo es un fenómeno que complementa la economía, la sociedad y el medio ambiente de un espacio. Si no aporta a la sustentabilidad, lo menos que podríamos exigir, es que no le haga más daño. En el presente, la palabra “sobresaturación” es eje en la crítica que se hace al turismo: si se concentra en determinadas temporadas o espacios geográficos y genera ese sentimiento de saturación, al tiempo que agota los recursos, la actividad turística está entonces mal manejada. 

En el turismo se habla de un efecto “multiplicador” de los recursos. Así como puede aportar económicamente, también puede sumar al caos y el desorden social y/o ambiental. Es importante abordar esos temas con una mirada crítica y con algo aún más complejo: el interés por ajustarlo, cambiarlo y generar un aporte positivo, pensando en el bien común, y no únicamente el personal o de la empresa. La tragedia de los Comunes es una buena forma de explicar cómo nuestros egoísmos impactan el medio.  ¿Puede ser el turismo sustentable? La respuesta, desde nuestro punto de vista, tendría que ser algo así como “depende de cómo lo midamos y qué amplitud geográfica le demos”. Si no lo medimos, será difícil superar la visión subjetiva que responde a nuestros intereses personales.

Hace varios años hicimos un trabajo en conjunto con Lieve Coppin, gran compañera y maestra de consultoría, en el que nos solicitaban analizar qué tan “verde e inclusivo” era el turismo. Esta investigación, realizada en Cusco y Puerto Maldonado, en el Perú, arrojó una triste realidad: no lo medimos, no sabemos y nuestros criterios son únicamente económicos. En esas condiciones, el turismo está lejos de ser “verde e inclusivo”. Más abajo agregamos las conclusiones centrales, así como la propuesta de indicadores que realizamos en esa investigación para comenzar a analizar los impactos y cambios del turismo. Si te interesa revisar toda la investigación, puedes acceder aquí.

Sustentabilidad y política

Finalmente, una reflexión crucial: ¿Es la sustentabilidad un asunto político? Sí, por supuesto: en el entendido que las políticas son el reflejo de los acuerdos entre los miembros de la sociedad, hacer una apuesta por la sustentabilidad implica una declaración de principios. Es decir que se decide dar prioridad a ciertas maneras de comprender nuestra realidad y evaluarla, frente a otras: dejaremos de evaluar el éxito solamente desde criterios económicos y pondremos el interés por lo ambiental y lo social al mismo nivel; nos preocupa de igual modo que se generen ingresos, que nos preocupa que se provoque el menor impacto ambiental posible, pero también que se otorgue el mismo nivel de valor para la evolución comunitaria del espacio local.  Nada fácil, ¿no? 

Por eso para muchos, es más fácil “hablar” de la sustentabilidad, que vivirla. Porque hablar siempre es algo sencillo y que se puede olvidar, mientras que vivirlo implica una serie de cambios que comienzan por nosotros mismos: moderar nuestro consumo de energías, aportar al medio ambiente, pensar más allá de lo económico y sobre todo, participar activamente en la transformación de nuestra sociedad y sus modos de interpretar la realidad.   Así, alcanzar de verdad ese gran concepto de “Desarrollo sustentable” es un reto de todos y para todos. 

Y tú, ¿Cómo vives la sustentabilidad desde tu actividad personal y laboral?

Hasta muy pronto!

(Samuel B. Morales)